“Botella al Mar”, el pendiente amoroso de Ricardo Benet con el Puerto de Veracruz

  • La producción en realidad virtual, representó un nuevo reto para el cineasta que no pensó en incursionar en estas nuevas tecnologías antes que los millennials

Mónica Tejeda Hernández

Ciudad de México.- La más reciente producción del cineasta veracruzano, Ricardo Benet, tiene la peculiaridad de usar la nueva tecnología de 3D, para lo que se necesitan lentes de realidad virtual para poder disfrutar de un corto que para él, representó hacer “la carta de amor pendiente que tenía con Veracruz”, según expresó en esta entrevista divida en dos entregas para su mejor disfrute temático.
“Botella al mar”, relató, es un proyecto que surgió hace ya año y medio, cuando en que en el festival Oro Negro en Coatzacoalcos, coincidió con Jorge Hernández, director de la compañía VR Awake, que llevó a este encuentro, un cortometraje en realidad virtual que le quiso mostrar al cineasta con el objetivo de proponerle una participación en el proyecto.
“Yo le dije que sabía poco y nada de eso porque no era mi generación, yo fui poco afecto a los videojuegos, entonces me puso los lentes, los audífonos y vi ese corto que llevaba, yo andaba maravillado como niño en la silla dando vueltas para ver todos los ángulos posibles porque no solo puedes ver 360 grados alrededor sino también arriba y abajo, es como si estuvieras en la realidad”, relató.
Esta nueva tecnología le impresionó tanto, que de inmediato le surgieron dudas sobre su aplicación en una creación artística tan demandante como el cine, “yo estaba apabullado con la tecnología y porque me parecía muy bien resuelto ese cortito que se llamaba Ávido, pero al mismo tiempo reflexionaba sobre la plataforma, sino era muy intrusiva, cuánto tiempo podía un espectador soportar tanta carga si en una película la hora y media, hora 40 minutos, es lo ideal para un largometraje, yo pensaba que acá los 20 minutos eran suficientes, casi tiempo de largometraje”.
El reto que representaba un proyecto de tal magnitud fue un aliciente para que aceptara la propuesta, sin embargo, antes de iniciar solicitó un cambio importante, “a mí no me gustaba mucho eso de la interactividad, eso de que te pongan opciones como que me daba flojera porque me recupera mi condición de participante en un medio el que tú te tienes que perder y que supuestamente ya existe y tú no tienes nada que ver, me pareció un poco como que estás soñando que vuelas y te dicen que esto es un sueño y le quitan un poco de la realidad que pretenden”.
El contar con la participación del premiado director definitivamente valía sus solicitudes y de esta manera, inició el proyecto, “les dije que aceptaba pero con esas condiciones, que quería yo contar algo que no fuera interactivo, que fuera más narrativo y contemplativo de la manera tradicional aprovechando ahora toda esta espacialidad y ellos aceptaron y me puse a escribir”.
Pero ¿por qué Veracruz para grabar?
Yo tengo muchos recuerdos de niño, de los viajes que hacíamos, vivíamos en el norte del país pero veníamos en las vacaciones a ver a la familia de mi madre que todos están en Cardel y lo normal era ir a Xalapa o a Veracruz a las compras, esos recuerdos de niño del Puerto y todo, los tenía por ahí y tenía pendiente esa carta de amor al Puerto, así que se me ocurrió escribir esta historia de dos mujeres de diferentes generaciones, una joven y otra ya madura pero que están viviendo en la misma vecindad y que van dándose cuenta que están atrapadas por su misma condición y destino. Ambas no conocen muchas cosas que el presente debería de ofrecerles y se dan cuenta que no conocen su entorno y lo notan con la llegada de un lanchero y pescador que está coqueteándole a la joven y las invita a ir a la Isla de En medio -que la mayor creía que era un mito urbano y que si existe- y como muchas cosas así, porque ella le dice que aun viviendo en La Huaca, que está a 7 cuadras del mar, ella lo vino a conocer hasta los 11 años, como sucede muchas veces dependiendo de tu condición social y la joven, que viniendo de un pueblo de la montaña, saliendo de ahí porque no pasaba nada -todos nacían y morían ahí-, se fue a probar suerte al Puerto y se mantenía vendiendo volovanes; y esa historia que parecería de los que su destino va a ser siempre el mismo y un poco también este otro lado cuando él las lleva en la lancha al futuro, que es uno de estos centros comerciales modernísimos que llegas casi en lancha hasta el lobby del almacén y que ellas se sienten muy extrañas en el paraíso y todo es muy raro y muy caro y sienten un poco el rechazo al llegar en chanclas y short, pero también un poco esperanzador porque aunque él se desaparece un poco, ella va al muelle donde lo conoció y hace lo que le dijo que cuando se tardara en aparecer, que le aventara una botella con un mensaje al mar y por eso el nombre de “botella al mar” que los ingleses la traducen como el mensaje en una botella como la canción de The Police, entonces esta botella representa esa ilusión de que por ahí debe andar y algún día va a regresar.
Esta ambiciosa producción, agregó, le permitió lucir al bello Puerto de Veracruz, así como narrar desde diferentes perspectivas una historia que a su consideración puede ser simple, pero que muestra una cotidianidad de los jarochos, “utilizar los 5 o 6 lugares que yo quería de Veracruz como un patio en La Huaca, la Plaza de la Campana donde bailan danzón, la Isla de En medio, etc, para mí era presentarlo no turísticamente, sino como estos lugares en los que circulas de todas maneras habitando el puerto”.
Para este proyecto, agradeció, tuvo toda la libertad creativa, “para mí fue una gran oportunidad de arriesgar y apostar a una plataforma posmodernista que yo creí que el intento me lo iba a ganar un millenian obviamente; me dio mucho gusto la experiencia, me parece que es otra cosa, no le entro a la controversia si es cine o no, no lo es en el sentido real, es otro método más para narrar y conmover, no sabemos cuántos otros van a surgir, qué más va a salir”.
Y es que la vigencia de muchas expresiones artísticas, consideró, depende de adaptarse a los nuevos tiempos, “estamos en la época de la exploración audiovisual, porque el lenguaje de los jóvenes ha cambiado, no podemos quedarnos atrás en este sentido audiovisual en el que a veces solo te permiten unos minutos de atención, ven en internet o las redes sociales un texto de más de tres líneas y les da flojera, un clipcito de más de un minuto y ya no lo quieren ver, entonces cómo segur vigente contando historias y tratando de emocionar con estas nuevas posibilidades, esto es realidad virtual, pero no sabemos si vienen hologramas o imágenes en tus propios lentes que de un lado puedas ver una cosa y del otro lado la realidad, no hay que cerrarse a estos cambios”.
La versión preliminar fue presentada en Tajín, una experiencia conmovedora
Aunque aún no estaba completamente terminada, el corto fue presentado en la Cumbre Tajín del año pasado, lo que presentó una experiencia muy especial para el equipo que no esperaba respuestas tan conmovedoras de los espectadores.
“Yo he tenido una participación muy activa desde hace 10 años, con talleres de cortometraje, he estado siempre muy al tanto de lo que sucede ahí, me pareció lógico y gozoso llevar ese previo que todavía estaba detenido por alfileres -el sonido todavía no era lo que después llegó a ser, la edición se modificó un poco- pero no pude negarme y presentamos casi a manera de focus group un previo”.
Entre el público, agregó, se encontraron personajes especiales que le dieron una interpretación más real a la proyección, “fue muy bueno porque más allá de que varios participantes lo vieran, tuvimos la oportunidad de presentárselo a los locales, a voladores de Papantla, niños de los talleres, niños voladores, entonces de repente el verlos a ahí elegantísimos con sus trajes blancos y sus pañoletas de colores y sus vestimentas tradicionales y con sus lentes y estas cosas muy modernas… Parecían agentes espaciales de otra época llegando al pasado, una cosa así”.
Y es que la realidad virtual, representó entonces la oportunidad de un viaje a lugares desconocidos con sensaciones nunca antes percibidas, “la emoción que les causaba esa otra lectura, tal vez menos sofisticada, porque en la Cineteca nos encontramos a un público más cinéfilo, más urbano, pero estas primeras miradas de allá de Tajín eran realmente muy conmovedoras, ya que, lejos de cualquier otra reflexión filosófica o tecnológica, ellos se emocionaban porque por primera vez veían el mar, o veían muchas cosas que no conocían, porque aunque lo hubieran visto en foto o en películas, ahora esta realidad virtual les daba la ilusión y la emoción de que realmente estuvieron ahí, entonces, esta sensación de estar a medio metro del mar, el sonido, estar en una lacha, les emocionaba mucho y lo querían ver dos o tres veces, más allá que por los pormenores de la historia, por la experiencia pura de atestiguar otros paisajes, otra geografía y otra realidad como de manera más presente y eso para mí, es oro molido“.
Esta experiencia, consideró, le dejó un buen recuerdo en su carrera, “es otro de los niveles de lectura del trabajo de uno, igual y el primero y más básico pero igual de importante, porque es la conexión primera que la imagen hace con el ser humano”.
La más reciente obra de Ricardo Benet fue presentada la semana pasada en la Cineteca Nacional y debido a la naturaleza del proyecto, se buscarán foros alternativos para sus próximas presentaciones, las cuales serán promocionadas con anticipación.

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